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3 de abril de 2020

ENTR. 189 > PAPELES DE MI BARGUEÑO _7: "Los Gitanos" por las calles de Granada.




"LOS GITANOS" POR LAS CALLES DE GRANADA. [PREGÓN DE SEMANA SANTA]

SALUDOS:

Hermanos cofrades, amigos todos: Permitidme, en primer lugar, que muestre mi gratitud al Hermano Mayor, a la Junta de Gobierno y a todo el Cabildo de nuestra Cofradía por haber depositado en mí su confianza, y depararme el honor de ser el pregonero de la Semana Santa de este año 2004. Y a todos vosotros os pido que seáis benévolos conmigo y me disculpéis si mi Pregón, que he preparado con esmero, no está a la altura que se le exige, o no responde vuestras expectativas.



➤ ANUNCIO DE LA ESTACIÓN DE PENITENCIA:

Os traigo la gran noticia de la proximidad de la Semana Santa, que comenzará con el Domingo de Ramos y terminará en la Pascua de Resurrección.

En estos días que se avecinan, además de participar en las celebraciones litúrgicas, siguiendo la tradición irrenunciable de nuestros mayores, vamos a vivir el acontecimiento clave anual de nuestra Cofradía: la tarde del Miércoles Santo haremos con nuestros Titulares la Estación de Penitencia: pasaremos con ellos por las calles de Granada proclamando a los cuatro vientos la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo y los dolores de su Santísima Madre. 

Procuraremos todos, desde el sitio que cada uno ocupe en la procesión, plasmar en actitudes y composturas personales la fe y la religiosidad más sincera, sencilla y católica. Y lo haremos con arte y galanura, con solemnidad y estética, con belleza y tronío, paseando nuestros Pasos, que son la expresión artística más bella que ha podido nunca salir de las manos e inspiración de nuestros mejores artistas e imagineros.

Que me perdonen los miembros de las demás cofradías granadinas, pero hoy me atrevo a afirmar que es el Miércoles Santo, con el Santísimo Cristo del Consuelo y María Santísima del Sacro Monte por sus calles, cuando Granada alcanza el culmen de su belleza, cuando llega a estar granada (permitidme el juego de palabras). 

¿Hay algo estéticamente más sublime que esa estampa del Cristo del Consuelo entre bengalas junto al Darro y la Alhambra iluminada que se asoma desde lo alto para verle? 



¿No parece estar diciendo,
la Alhambra,
que, si fuera bautizada,
de su monte se bajara
y con toda su hermosura
ante el Cristo se postrara?

¿No tiene envidia del río
por la suerte que ha tenido
de poder verle la cara
de cerca en la madrugada
a ese Cristo dolorido
que regresa de Granada
entre su gente metido?










17 de febrero de 2018

ENTR. 140 > PAPELES DE MI BARGUEÑO _6: El sello de Salomón en la Abadía del Sacro-Monte.



Arquería de la explanada principal de la Abadía donde ya aparece,
aunque un poco deteriorado,  el "Sello de Salomón" como emblema de la Institución.

Con frecuencia los visitantes de la Abadía del Sacro-Monte de Granada preguntan, no sin cara de sorpresa y hasta con algo de desconcierto, el por qué de la presencia de la denominada “Estrella de David” en estas vetustas construcciones. Quisiera que este breve texto sirviera de respuesta documentada a dichas preguntas.


En primer lugar hay que descartar cualquier relación intencionada con el sionismo y el actual Estado de Israel. Movimiento, el primero, que se formó en Europa Central y del Este a finales del siglo XIX, tres siglos después de la fundación de la Abadía, y Estado, el segundo, que inició su existencia en 1948, en el centro de cuya bandera aparece dicha estrella.

Entre los famosos Libros Plúmbeos descubiertos en este Sacro-Monte, cuya autoría atribuimos hoy con relativa certeza a moriscos y cristianos viejos de finales del siglo XVI, aparece uno dedicado, precisamente, al Sello de Salomón, que porta el título siguiente: “Libro de la Historia del Sello de Salomón. Historia del Sello del profeta Salomón, hijo de David, y de sus misterios, según Santa María Virgen. Escrito por Cecilio Ebnelradí, discípulo de Santiago.” 

El propio libro se autositúa en el siglo primero, y se dice escrito por san Cecilio, uno de los Varones Apostólicos, discípulo del Apóstol Santiago; pero en realidad es de finales del siglo XVI, y lo que hace es recoger una leyenda relativa al sello de Salomón, que circulaba en occidente durante la Edad Media, aunque los orígenes de la ésta son muy anteriores. Este libro comienza así: "Nuestro Maestro Santiago hizo una pregunta a Santa María, la Virgen, y nosotros escribimos esta historia que él nos contó y nos mandó escribir en este libro. ¿Por qué pusiste este sello en el libro titulado Sobre a Certificación del Evangelio? [...] Y respondió: Si supieras la enorme cantidad de gracia de Dios que hay en él, andarías con él sobre el mar y no te hundirías, y te proporcionaría un poder inmenso. En él, como en un arca, se encierra la sabiduría y la ciencia de Salomón, el profeta de Dios, hijo de David. Se trata del mismísimo sello que Dios le donó, con el que le bendijo para siempre. Habiendo llegado Salomón a la edad adulta, dirigió a Dios esta plegaria: Dame, oh Dios, el hábito de las virtudes, nunca antes a nadie concedido, dame una ciencia pura, y enséñame con sabiduría. El fue escuchado por el Señor, su Dios, y le dio el anillo con los signos que contiene, y en él estaba la sabiduría misteriosa, y por medio de él le confió y le afianzó en su Reino."

Aunque al hexagrama se le conoce hoy con el nombre de Estrella de David y se asocia normal y exclusivamente al judaísmo, en sus orígenes fue un símbolo cosmológico romano, que progresivamente fue adquiriendo connotaciones religiosas y mágicas, utilizado sin exclusivismos por diferentes religiones y pueblos antiguos para protegerse de las fuerzas del mal. Su forma de estrella formada por dos triángulos tiene múltiples poderes, los cuales se potencian cuando dicha estrella está dentro de un círculo. Por su carácter abstracto, no figurativo, conectado, además, con el mundo sideral, y su integridad geométrica, hacen de este Sello un símbolo universal. Junto con la estrella de cinco puntas o pentagrama, que es de origen mucho más antiguo, el hexagrama representa el desarrollo, por ejemplo, de las matemáticas y la geometría por parte de los griegos y sus sucesores en toda la zona mediterránea.

De ahí que surgiera la leyenda que refiere que el rey Salomón controlaba a los demonios por medio de un sello anular especial, recibido de Dios mismo. El que se les llame sellos tiene que ver con la idea de que la persona se sella a sí misma con estos signos para protegerse de los espíritus dañinos. Como reza el Cantar de los Cantares (8,6); “ponme como sello en tu corazón.”

El rey Salomón, hijo del rey David, hizo de Jerusalén, cuyo nombre original en hebreo, Shalem ,viene de Shalón (paz), la ciudad de la justicia y de la paz. Su nombre refleja el nombre original de la ciudad, Salem. 

La leyenda dice que a Salomón, con el anillo portador de tan extraordinario sello, Dios le otorgó sabiduría y conocimiento, lo que normalmente significa un buen gobierno, la facultad de distinguir moralmente entre el bien y el mal, y una comprensión total del universo. “He aquí que he hecho conforme a tu palabra, dándote un corazón sabio y comprensivo de modo que nadie hubo como tú antes que tú, ni habrá otro como tú después de ti” se dice en el Libro de los Reyes (Reyes I, 3:12).

La mencionada leyenda es común al judaísmo, al cristianismo y al Islam. Este sello, que tiene su base en el suelo y cuyo ápice llega al cielo, simboliza la armonía de los elementos opuestos; su significado es a un tiempo múltiple y pluricultural. Refleja el orden cósmico, los cielos, el movimiento de las estrellas en sus esferas propias, y el flujo perpetuo que se establece entre el cielo y la tierra, entre los elementos aire y fuego. El Sello, por lo tanto, simboliza la sabiduría sobrehumana y el gobierno por gracia divina.

Se encuentran reproducciones judías y cristianas del hexagrama, junto a otros motivos decorativos, desde épocas antiguas, y, más tarde, en el arte islámico. El hexagrama (estrella de seis puntas), asociado al rey David, convivió con el pentagrama (estrella de cinco puntas), asociado a su vez exclusivamente al rey Salomón. Ambos símbolos aparecen por primera vez en mezuzot mágicas (rollos con pasajes bíblicos que los judíos ponían en las jambas de las puertas) y, posteriormente, en distintos talismanes. 

Ya en siglo XIII, de copias de la Biblia efectuadas en países islámicos el motivo salomónico pasó a manuscritos hebreos en Alemania y España. En nuestro país, hasta el siglo XIII los judíos conocían el hexagrama con el nombre de Sello del rey Salomón; del XIII al XV, se utilizaron ambos nombres indistintamente. Sólo en un momento posterior la estrella de seis puntas se impondría como Estrella de David en las comunidades askenazitas, mientras que la denominación de Sello del rey Salomón quedó reducida sólo al pentagrama o estrella de cinco puntas.

Durante el dominio turco de Jerusalén, luego de la caída de los Cruzados, concretamente en el año 1536, el sultán Solimán, poeta y favorecedor de las artes y de las ciencias, a la par que gran legislador, conocido en Occidente como el Magnifico y entre los musulmanes como el Justo, ordenó efectuar amplios trabajos de remodelación en el Monte del Templo y convirtió en mezquita la iglesia que se había construido en tiempos de los cruzados. Con este gesto Solimán, que no estaba exento de una conciencia e intencionalidad mesiánicas, establecía una referencia y un pretendido vínculo al rey Salomón, y, de paso, con Jesucristo, descendiente también de David. Con el fin de proteger la ciudad mandó construir unas murallas en derredor de la ciudad santa, en las que aparecen piedras decoradas con hexagramas o Estrellas de Salomón (conocidas como Khatam Suleimán por los musulmanes, y como Jatam Shlomó por los judíos). 

No sabemos si los autores de los Libros Plúmbeos, descubiertos a finales del siglo XVI (1595…) y, por tanto, escritos en la o las décadas precedentes, conocían el parecido intento del sultán Solimán al grabar este Sello en las murallas de Jerusalén, en 1536; pero no deja de ser sorprendente y bonita la coincidencia en el propósito común de la confluencia entre las religiones y los creyentes de las tres religiones monoteístas judíos, cristianos y musulmanes). Hoy diríamos que si no es posible el sincretismo religioso, sí al menos es necesaria y útil la convivencia y la colaboración entre todos, con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, para hacer de este planeta un mundo mejor y una común casa de hermanos. Así lo pidió Jesucristo al Padre, primero para sus discípulos, pero que abarcaba en su deseo a todos los hombres y mujeres: “Padre, … que todos sean uno. Como Tú en mi y yo ti.” (Jn 17, 20-21)


LA ESTRELLA DE SALOMÓN COMO SÍMBOLO SACRO-MONTANO.

Con estos precedentes históricos, amén de la carga simbólica, religiosa y científica de la que es portador el hexagrama, a lo que hay que añadir el marchamo de autenticidad en cuanto a su sentido bíblico y origen divino que conferían a esta leyenda los Libros Plúmbeos sacro-montanos, no es de extrañar que el Arzobispo D. Pedro de Castro y sus colaboradores en la erección y fundación de la Abadía, eligieran el Sello de Salomón, con la cruz cristiana en el centro, como símbolo con el que identificar las proyectadas construcciones y como programa de las nuevas instituciones: la Iglesia para el culto a los mártires; el Seminario de teólogos y Colegio de Juristas, sede y vivero ambos de piedad y sabiduría; y la tarea misionera católica que se proponían emprender en Granada, en España y en todo el Reino, que incluía a las Américas.


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ALGUNAS MUESTRAS 

DEL DENOMINADO "SELLO DE SALOMÓN":


Sello de Salomón, piedra, siglo III-IV.
Sinagoga de Jirbet Shura, Galilea.
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Sello sobre una losa de mármol de una iglesia bizantina, 
Jirbet Sufa, norte del Néguev.
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Sello de Salomón de Anam Sharif, 
libro de oraciones y extractos del Corán, 
Imperio Otomano,  1761-1762
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Hexagrama sagrado hindú.
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Sellos que aparecen en los "Libros Plúmbeos" sacromontanos.
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Detalle de  una Capa pluvial existente en la Abadía.


26 de septiembre de 2016

ENTR. 58 > PAPELES DE MI BARGUEÑO_4: Apuntes para una visita rápida a la Abadía del Sacro-Monte de Granada.




APUNTES PARA UNA VISITA RÁPIDA
A LA ABADÍA DEL SACRO-MONTE 
La Abadía del Sacro-Monte es una de las instituciones más señeras del patrimonio cultural granadino y andaluz de los últimos cuatro siglos, cuyo desconocimiento e ignorancia supondría cercenar parte del legado que las generaciones pasadas nos dejaron.
Desde sus inicios, esta señera Institución aparece como destacado exponente de la religiosidad granadina de los siglos XVI-XVII, expresada en torno al culto a las reliquias de los mártires, a la defensa del dogma de la Inmaculada Concepción y a la Eucaristía. A lo largo de su historia se ha distinguido, también, como centro de cultura y de estudios eclesiásticos, literarios y jurídicos. Lo que ha propiciado la formación de muchos alumnos, entre los que se hallan personalidades importantes de la política y de las letras españolas.
Una de las características culturales más relevantes de la  Abadía y del Colegio de San Dionisio Areopagita, por ella fundado y mantenido durante casi cuatro siglos, fue su estrecha vinculación con la  Universidad de Granada. Son numerosísimos los miembros de la Abadía, que ostentaron cargos académicos, que ocuparon puestos directivos y de gestión en la Universidad, que fundara el Emperador Carlos V. Desde los inicios de la Abadía hasta el año 1750, veintinueve de sus miembros, entre canónigos y antiguos Colegiales salidos de sus aulas, ostentaron el cargo de Rector. Diecinueve fueron canónigos y diez colegiales: desde el canónigo D. Pedro Molina, que fue el primero, y lo fue durante tres mandatos (1592, 1595 y 1634), hasta D. José Cózar, que también lo fue por otros tres (1736, 1739 y 1741).  A ella pertenecieron nueve de los Cancilleres de la Universidad granadina, de los que siete fueron canónigos y dos fueron Colegiales.
Aquí estudiaron hombres de letras de la España de los cuatro últimos siglos. Basta citar como muestra, entre otros, al humanista y poeta Juan  Varela, a los historiadores D. Justino Antolinez, primer Abad del Sacro-Monte, que escribió la “Historia Eclesiástica de Granada”, al humanista y Académico de la Historia D. Juan Cueto Herrera,  historiador de Fernando VI, a D. Francisco de Viana, miembro numerario de la Real Academia de la Lengua Española, al matemático D. Antonio Valdivia, etc.
De aquí salieron formados eminentes personalidades de la política de los pasados siglos: D. Manuel Colón y Larrátegui, Consejero de Castilla, Duque de Veragua y Grande de España, D. Francisco Saavedra, Cruz pensionada de Carlos III, Consejero del Supremo de Guerra y Marina y Ministro de Estado, D. Aureliano Fernández Guerra, Secretario General del Consejo y Director General de Instrucción Pública y Académico numerario de la Historia, D. Juan Varela, ya citado como humanista, Gran Cruz de Carlos III, de Leopoldo de Bélgica, de San Esteban de Hungría, de la Corona de Italia, Académico de la Historia y de Ciencias Morales y Políticas, Senador Vitalicio, Ministro Plenipotenciario de Lisboa, Washington y Bruselas, Embajador de Viena y Consejero y Secretario del Ministerio de Estado.
Alguien escribió, en los tiempos de esplendor del Sacro-Monte, que esta Institución “siempre ha llegado a tiempo, a la hora exacta de todas las citas de la cultura”.
Aquí forjaron su honda espiritualidad hombres  de Iglesia como los obispos y mártires Beatos Diego Ventaja y Manuel  Medina Olmos, el también Beato Nepomuceno Zegrid, fundador de las religiosas de la Consolación; el P. José Gras y Granollers, fundador de las religiosas Hijas de Cristo Rey; el siervo de Dios P. Andrés Manjón, y tantos otros.  Aquí han realizado sus estudios preuniversitarios numerosos jóvenes, como nos lo recuerda en repetidas ocasiones la Asociación de Antiguos Alumnos del Colegio del Sacro-Monte.
Si los acontecimientos que aquí tuvieron lugar en la última década del siglo XVI y primeros años del XVII, y la cuestión de la autenticidad de las reliquias y escritos que aquí se encontraron, estuvieron envueltos en alguna polémica, no se puede negar que lo que de ellos se derivó ha sido una ingente obra religiosa, literaria y cultural, que debemos conservar y de la que debemos sentirnos orgullosos todos los granadinos.
I.  SITUACIÓN GEOGRÁFICA.


6 de agosto de 2016

ENTR. 51 > PAPELES DE MI BARGUEÑO_3: Pregón de Fiestas Patronales.


Ntra. Sra. del Rosario, Patrona de Domingo Pérez de Granada.




PREGÓN DE FIESTAS PATRONALES
DOMINGO PÉREZ DE GRANADA: 28 de agosto del año 2016. 


¡Buenas noches!
Excmo. Sr. Alcalde, Corporación Municipal, Reina de las Fiestas, queridos vecinos de Domingo Pérez de Granada, paisanos, visitantes y amigos todos: Bienvenidos.
En primer lugar, quiero decir que es para mí un gran honor, totalmente inesperado e inmerecido, el estar aquí esta noche haciendo el Pregón de Fiestas en honor de Ntra. Patrona, La Virgen del Rosario, y hacerlo, además en 2016, segundo años en que somos Municipio Independiente. Honor personal que agradezco al Sr. Alcalde y en él a la Corporación Municipal y a todos vosotros.
Cuando se me pidió esta tarea me sentí un poco abrumado por la responsabilidad que ella comporta; pero acepté encantado por lo que significa de hermoso para mí el pronunciar este pregón tan singular en las fiestas de mi pueblo, ante vosotros, mis paisanos y convecinos, ante tantos invitados y visitantes, que nos acompañáis. Y, sobre todo, antes los seres queridos que, seguro, desde la otra orilla, nos están viendo reunidos en torno a Nuestra Patrona.

Y empiezo [como exige el protocolo de un pregón de Fiestas] - anunciando – pregonando – este acontecimiento: 

SEÑORAS Y SEÑORES, JÓVENES Y NIÑOS DE DOMINGO PÉREZ DE GRANADA, AMIGOS Y VISITANTES: CON TODA SOLEMNIDAD Y EMOCIÓN, OS ANUNCIO LAS FIESTAS DE 2016 EN HONOR DE NUESTRA PATRONA, LA VIRGEN DEL ROSARIO. Son, y deben ser, días de diversión y de regocijo, de competición lúdica, de descanso y de fiesta; días, también de hermandad y de oración sencilla y devota a la Virgen del Rosario, nuestra madre y señora, cuya imagen sacaremos en devota procesión por las calles de nuestro pueblo, y a la que pediremos que proteja a nuestro pueblo y de cada una de sus familias y habitantes.

PAISANOS-PAISANAS, VISITANTES: ESTAMOS EN FIESTAS! ¡VIVAN LAS FIESTAS DE DOMINGO PÉREZ! ¡VIVAN LOS PEREÑOS EN FIESTA¡  A ellas, como todos los años, nos han convocado las autoridades locales, civiles y religiosas, la Reina de las Fiestas y su séquito, cuyo artístico programa nos han distribuido en estos días.

Yo quisiera en mi pregón – y conforme a lo que se debe hacer en un pregón de fiestas - hacer un canto emocionado a nuestro querido pueblo, a su historia, a su tierra y a su gente, sin olvidarme por su puesto de nuestra Virgen del Rosario – ella debe ser la primera –, puesto que es ella la razón y la protagonista de estas fiestas.

Para ello os invito a echar una rápida ojeada sobre los diferentes aspectos que conforman la personalidad de este pueblo que nos vio nacer, de su singularidad manifiesta entre los demás pueblos de la comarca de Los Montes Orientales, de la Provincia de la provincia, de Andalucía de España y del mundo. Porque nuestro pueblo es único y así debe ser considerado y valorado. Precisamente esta singularidad irrepetible de nuestro pueblo ha sido el mayor argumento que la Administración ha mirado y utilizado para concederle [marzo de 2015] la independencia municipal, pues su personalidad particular como pueblo, no debe ser diluida ni anulada por otro pueblo o municipio. Así se reconoce expresamente en el Decreto de Independencia (DECRETO 105/2015, DE 17 DE MARZO): Para ser independiente es necesario, cito, 2. “Que el territorio del nuevo municipio cuente con unas características que singularicen su propia identidad, sobre la base de razones históricas, sociales, económicas, laborales, geográficas y urbanísticas” (artículo 93.2.b).

Esa singularidad reconocida nos la corroborará o demostrará una mirada a los diferentes parámetros que lo conforman como pueblo entre los pueblos: a su historia, a su entorno geográfico, y, sobre todo, a su gente.

20 de julio de 2016

ENTR. 48 > PAPELES DE MI BARGUEÑO_2: Itinerario de un maestro en busca de la verdad.


ITINERARIO DE UN MAESTRO EN BUSCA DE LA VERDAD  [San Agustín de Hipona]


PRESENTACIÓN:

Hurgando en mi “Bargueño” he encontrado estas páginas, que creo interesantes, sobre la identidad y tarea de un hombre y maestro tan importante como san Agustín. Este trabajo, que realicé hace años, constituyó el primer capítulo de mi tesis doctoral en Historia Antigua sobre su libro titulado “De doctrina christiana” (Sobre la enseñanza cristiana), aunque allí iba acompañado, como es lógico, del requerido aparato crítico, que, por razones obvias, aquí reduzco al mínimo. Aunque se trata de uno de los más grandes santos de la Iglesia católica, aquí nos acercamos a su personalidad humana, como estudiante y maestro, y a su búsqueda y hallazgo de la Verdad definitiva, como él mismo nos la refleja en su famoso libro “Las Confesiones”, libro que nos sirve de guía. 


I.- La infancia y educación ambiente de Agustín.
Agustín nació el 13 de noviembre del año 354 en Tagaste, una ciudad de origen romano ubicada en la vieja y meridional Numidia, en el lugar que ocupa la actual Souk Ahras (Argelina). Fue en este entorno físico y social, a más 300 kilómetros del Mediterráneo y a unos 600 metros sobre el nivel del mar, donde pasó su infancia, entre pinares, olivos y campos de cereales: un entorno rural mediterráneo, agrícola y de interior, que le condicionaría para toda su vida y que él recordará siempre.

Su familia estaba formada por sus padres, Patricio y Mónica, un hermano mayor, Navigio y, según noticias de su biógrafo Posidio, una hermana. Una familia libre [no esclava], de modestos recursos económicos, a decir de Agustín, quien cuenta que sus padres y hermanos iban vestidos pobremente por el esfuerzo económico que les suponía tenerlo a él estudiando fuera de casa; sin embargo, creo que no debieron haber sido tan pobres, pues pudieron permitirse tener un pedagogo para su hijo, varias nodrizas y criadas, además de darle estudios, incluso fuera de casa. El que interrumpiera los estudios en Madaura durante un año por escasez de recursos económicos, posiblemente se debió a una raza de malas cosechas en el norte de África. Al mismo Agustín, contradiciendo lo expresado en los lugares que hemos citado, reconoce la situación de cierto desahogo económico por parte de su padre: “[...] otros muchos ciudadanos bastante más ricos que él no se tomaban por sus hijos un empeño semejante.” (Agustín de Hipona., Confesiones. II, 3, 6)[En adelante: Conf., …]

Patricio, que debió ser descendiente de un veterano romano instalado en Tagaste, pertenecía al consejo municipal de la ciudad - era un tenuis municeps -, y contaba con el patronazgo de su paisano Romaniano, personaje local con influencias en Roma. Agustín, que contó desde la infancia con su amistad y protección económica, tuvo sobre él una gran influencia, lo mismo que sobre el hijo de éste, Licencio, del que fue maestro y protector, a su vez.

La infancia de Agustín transcurrió bajo el signo del catolicismo, cuya educación específica recibió en el seno de su familia y en el contexto educativo de la Iglesia católica de Tagaste. Esta educación religiosa con un cierto carácter sistemático que la Iglesia impartía se hacía fundamentalmente a través del catecumenado, en estos momentos centrado en los adultos, ya que no existía aún el catecumenado de niños, que no sería implantado hasta finales del siglo VI.

Sin embargo, en las familias de tradición cristiana relativamente larga, como era el caso de la familia de Agustín, se debían tomar muy en serio la educación católica de sus hijos, existiendo lo que se podría denominar una catequesis doméstica privada. También se utilizaban otros vehículos de educación cristiana, aunque menos sistematizados que el catecumenado, como la predicación y la misma liturgia, las cuales revisten siempre un carácter eminentemente didáctico.

La educación cristiana católica que recibió el niño Agustín en seno de su familia estuvo marcada y dirigida por su madre, puesto que su padre, que era y permaneció pagano hasta poco antes de morir, no pudo imponerse sobre Mónica en la educación de su hijo, si bien sirvió de contrapunto al catolicismo militante de ésta, como él mismo reconocerá luego: “De hecho, yo era ya creyente, lo era mi madre y toda mi casa, excepto mi padre, pero él no pudo suplantar en mí el derecho de la piedad materna impidiéndome que creyera en Cristo, como él aún no había creído.” (Conf. I,11,17).
Mónica había grabado en su corazón el nombre de Cristo, le había enseñado a rezar y a vivir según la moral cristiana, lo que suponía una marcada orientación de la conducta del pequeño, aunque, como pasa casi siempre, de poco le sirvió cuando estuvo alejado de su influencia directa durante la adolescencia. Su madre le habría enseñado, por lo demás, la Historia Sagrada, al menos en sus episodios principales, la cual constituía el centro de la educación cristiana que con insistencia recomendaba la Iglesia a los padres: “Siendo aún niño ya oía hablar de la vida eterna, prometida a los hombres por la humildad de Dios nuestro Señor, que descendió hasta nuestra soberbia.”

La Biblia, por tanto, se convirtió para él en el libro por excelencia, al que acudirá casi instintivamente cuando, a los diecinueve años, se lance tras la búsqueda de la sabiduría instigado por la lectura del Hortensio de Cicerón. También había recibido los ritos iniciales preparatorios para el bautismo, como la señal de la cruz y la imposición de la sal, lo que suponía ya un entrar en la dinámica del catecumenado de la Iglesia católica: “Siendo aún niño [...] me persignaron con la señal de la cruz y me prepararon ya con su sal desde el vientre de mi madre.”(Conf. I, 11, 17).

Los padres de Agustín se preocuparon, también, de darle una buena formación clásica, haciendo que frecuentara la escuela pública, la del primus magister en Tagaste, primero, la de grammatica en Madaura, luego, y, finalmente, la de rethorica en Cartago, como se verá más adelante. Es que, la formación clásica constituía una de las vías de promoción económica y social para los hijos de estos ciudadanos romanos, porque podía servirles de trampolín hacia la fama y hacia los más altos puestos en la sociedad y en el Estado burocratizado de la época, en donde a los letrados, cuyo prototipo eran los rotores, les aguardaba un porvenir al servicio del Imperio, que se concretaba en puestos en tribunales, oficinas financieras, gobiernos de provincias o en el palacio imperial. Tan fuertemente arraigada estaba idea en el ambiente familiar de Agustín, que sus padres se lo inculcaron desde pequeño, como cuenta él mismo: “[...] se me proponía a mí, siendo niño, como norma de vida recta obedecer a los que me aconsejaban ser famoso en este mundo y sobresalir en las artes de la lengua que me proporcionarían la honra de los hombres y las falsas riquezas". (Conf. I, 9, 14).
Hasta tal punto el joven Agustín había hecho suyo este ideal que le vemos soñar con llegar hasta el puesto de gobernador de una provincia, lo que le podría suceder si se casaba con una joven rica. Su padre tenía la idea de que fuera abogado; pero él aspiraba a ser maestro de retórica, profesión más académica y literaria que la abogacía. En consecuencia, con todos los esfuerzos del mundo, proporcionaron a su hijo la educación clásica necesaria para que se abriera camino hacia una posición mejor que la que ellos tenían, aunque en la mente de su madre, la ferviente católica Mónica, también se albergaba la idea de que tales estudios podían contribuir a que su hijo fuera un excelente cristiano: “[...] y ella, porque creía que aquellos estudios que solían hacerse entonces, no sólo no habrían de ser un estorbo, sino una ayuda no pequeña para alcanzarte a ti”. (Conf. II, 3, 8).



8 de junio de 2016

ENTR. 39 > PAPELES DE MI BARGUEÑO_1: Mi bargueño.






INTRODUCCIÓN.


El bargueño es un mueble de madera de origen español, muy común en los siglos XVI al XVII, transportable por dos personas, para lo que estaba provisto de dos asas laterales,  o, frecuentemente,  a lomos de un caballo, mulo o borrico. Profusamente adornado con marquetería, taracea, nácar, marfil, etc., sobre todo los más ricos,  que servía para escribir y archivar papeles, a veces con compartimentos secretos.  Algunos presentaban una tapa abatible, que hacía las veces de escritorio portátil. 
En esta página pretendo agrupar escritos en prosa, que juzgue de interés, sobre tomas históricos o de actualidad, con un enfoque más analítico y descriptivo que periodístico.



Bargueño con incrustaciones de nácar (Abadía del Sacro-Monte).


MI BARGUEÑO

Tiene mi bargueño un aire
de perla ornada de nácar
y un olor a roble y ámbar
cuando me acerco a tocarle.

En su interior atesora
escritos de muchos temas,
que conserva como gemas
guardados ayer y otrora.


Recuerdos tiene de días
que estudiando yo pasaba
junto a noches y alboradas
entre libros y porfías.

Pronto abriré sus gavetas,
sacando de sus cajones, 
cual ramilletes de flores
los papeles que almacena.


Ofreceré a mis lectores
algunas de esas historias,
que conforman la memoria
de este mundo y sus sudores.